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REYNOSA ROTARIO
Boletín quincenal del Club Rotario de Reynosa.
Director Lic. César E. Garza Uribe
Los 7
dones de la vejez
Existen siete razones sólidas y convincentes para
demostrar que es deseable la ancianidad Y de hecho la
están anhelando todos, aunque sin darse cabal cuenta.
1. Jubilación. En castellano «jubilación» deriva
de la voz «júbilo»: alegría. Suena en la existencia la
campana del Angelus que pone fin a tantos años de
labores económicas; aparece en el cielo la primera
estrella que señala el término de los afanes esclavos.
¡He aquí la hora de la libertad!
Y si los jóvenes arden por ya ser libres, deben saber
que están apeteciendo librarse del horario, por tanto
desean, sin formulárselo, arribar a la jubilación, ser
viejos; pues sólo entonces lograrán mayor libertad.
2. Realización personal. No siempre el oficio que
se ha venido desempeñando era del agrado; mientras que
la auténtica vocación fue inhibida. Quizás el médico
clínico prefería la investigación histórica; o el
abogado el trabajo al aire libre de una granja; o la
cajera del banco tocar el violín.
Para la mujer de hogar, una especie de jubilación ocurre
cuando los hijos se han casado, o ya trabajan, o
ingresan a la universidad. Y será entonces cuando ella
tal vez decida establecer un negocio, o acaso entrar en
la política, o cursar la carrera con la que siempre
soñó.
El trabajo para conseguir el pan y cuidar de la familia
ha cesado. Va a ser el momento de realizar al cabo los
más bellos planes. Debe pensarse la vejez como el fin de
semana, el asueto. La ancianidad es el sábado y el
domingo de la vida, para lo cual solemos forjar
previamente los proyectos.
3. Logro de las ambiciones juveniles. El cadete
que aspira a las barras de sargento, ascender a coronel
y por fin a general, no ha de ver su pretensión saciada
hasta que sea antañón. O el escritor que suspira por la
gloria, acaso llegue a merecer el premio Nobel, mas irá
a Suecia cuando ya ande muy lejos de la mocedad.
Todos en la juventud hemos clavado nuestras ambiciones
allá, en la cumbre nevada de la vida, en nuestra
ancianidad. La metas se alcanzan hasta el atardecer. Y
si todos aspiramos al logro de nuestros objetivos,
estamos ansiando implícitamente la edad que nos
ofrendará su cumplimiento.
4. Dominio de las pasiones. Las pasiones
menoscaban el libre albedrío. Anidan en nosotros desde
la infancia y no nos abandonan nunca: la vejez no está
exenta de ellas. Pero en la primaveral juventud las
afecciones nos traían y llevaban a su antojo, éramos
víctimas de esos impulsos que nos indujeron a cometer
mil desatinos, de los cuales tal vez habremos de pa-gar
de por vida las crueles consecuencias.
En cambio, al establecernos en nuestro otoño, aunque las
pasiones sigan allí, tumultuosas y delirantes, son ahora
como fieras encerradas en barro-tes y poseemos la llave
de la jaula. Esto es, se hallan sometidas a nuestro
mando. Ya no, sin la aquiescencia de la voluntad, nos
ataca impetuosa e inoportuna, la cólera; sino que le
damos rienda suelta sólo cuando juzgamos que hay algo
digno de levantar enérgica protesta.
¿Por qué temer a la ancianidad? Lo temible es la
juventud con sus errores pasionales de largas y
dolorosas consecuencias que no sólo afectan a quien
cometió la equivocación: también laceran a inocentes.
5. Experiencia, técnica profesional y arte de vivir.
¿Quién no aspira a ser un experto? Es obvio que la
experiencia no se adquiere con los libros, ya que
requiere dos cosas: haber cruzado muchos lustros del
camino y haber reflexionado inteligentemente sobre cada
uno de los acaeceres de la prolongada ruta.
Sólo el homo viator de larga caminata adquiere el gran
saber. Experiencia es distinguir el bien del mal en cada
caso; haber aprendido las causas de los aciertos y
éxitos existenciales y también las causas de los daños y
desastres. Tal sabiduría no le es dada todavía al efebo,
al novato de la vida.
El joven, aunque posea preclara inteligencia, es un
turista que acaba de llegar a la laberíntica ciudad de
la existencia y, desorientado, se mete en callejones sin
salida; o corre impetuoso en sentido contrario a donde
debe ir; o choca y se hiere contra los árboles, contra
los muros, o atropella en su carrera vehemente a quien
se atraviesa por su camino. «Más sabe el diablo por
viejo que por diablo».
Cierto que Fausto demandó en su vejez permutar el cuerpo
decrépito por uno de radiante juventud; pero de ninguna
manera solicitó que también se le trocara su alma vieja
y sabia por una inexperta.
6. Desapego del propio cuerpo. Además,
directamente contra la angustia del deterioro corporal,
la vejez ofrece una dádiva que funge como antídoto.
Acontece en los grandevos un fenómeno psíquico
extraordinario y providente. Ocurre al menos en quienes
no se quedaron rezagados mentalmente en otra edad y
viven su etapa cumbre con autenticidad. Tal modificación
consiste en que esos seres maduros dejan poco a poco de identificar su yo con su cuerpo.
Un día encuentran que su cuerpo es nada más «su» cuerpo,
su propiedad. Sólo su pertenencia, desde luego la más
íntima y amada, pero que no se le confunde con el yo,
que se le distingue del ego como tal. Los mayores ya no
son su cuerpo, son su alma.
La ancianidad tiene el remedio de sus males físicos: los
sentirá como aje-nos. Así podrá uno conservar la
serenidad e incluso la alegría, aunque no se le oculten
los daños, pues los contempla desde el alto puente como
las turbulencias del río, sin ser arrastrado por sus
aguas.
7. Mística. En los años grandes se siguen
contemplando con placer las cosas terrenales; mas como
quien disfruta de la vista del valle vislumbrán-dolo
hacia abajo desde la cima alpinista de la montaña, sin
mezclarse con su prosaísmo y sus ímprobos afanes.
Llega el ocaso de la vida. En el crepúsculo los objetos
del mundo pierden interés al irse desdibujando sus
contornos y tintes en la sombra. Opues-tamente, en la
altura contrasta con su luz el firmamento que se
enciende en mágicos colores y aparecen las estrellas que
no se habían advertido durante la jornada diurna. En el
místico atardecer de la vida la mirada se extravía hacia
el más excelso de los misterios: se descubre a Dios.
Algo de Humor
Un chiste rápido sobre todo los de gallegos.
Va una señora gorda, pero muy
gorda a una carnicería, y le pregunta al carnicero:
¿Que vale esa cabeza de marrano?
Y le dice el carnicero:
¿Cual cabeza de marrano?
La de allá.
Señora, eso es un espejo.
Cotorreando
el Punto.
El martes pasado tuvimos
un programa muy interesante, pues estuvo como orador el
cónsul de México en Mc.Allen, nos habló acerca de los
programas que tiene el consulado y cooperó con una buena
cantidad para ayudar a una persona que nos solicitó
ayuda para ser operada en la ciudad de Monterrey,
agradecimos mucho su gesto y se lo reconocimos con un
fuerte aplauso.
Muy buena velada tuvimos el viernes pasado al llevar a
cabo la primer noche hogareña de este ejercicio
rotario, fue en mi casa y los organizadores fuimos el INGE,
EVITA, ALICIA y un servidor, hasta el clima nos
favoreció, pues en realidad no estuvo tan caliente, y
estuvo corriendo muy buen viento.
Tuvimos muy buena asistencia, pues asistieron 22
rotarios, 20 de los cuales asistieron con sus compañeras
rotarias, y dos de ellos, por compromisos contraídos con
anterioridad nos privaron de la compañía de sus esposas;
extrañamos a los que nos falta-ron, pero entendemos que
tuvieron algunos compromisos que les imposibilitaron
acompañarnos.

En la reunión, nos tocó
festejar un aniversario más de nuestro compañero Pedro
Garza, no nos comunicó el número de años que cumplía,
pero eso no le quitó ni el hambre, ni las ganas de comer
pastel, nuevamente felicidades y que Dios te conserve tu
buen carácter y salud para que disfrutes a tu familia y
nosotros a un buen.
Hoy nuestro presidente sed encuentra New York
disfrutan-do de merecidas vacaciones, aunque el diga que
fue a trabajar, pero para el próximo martes estará con
nosotros.
El Jueves es aniversario de Silvia, esposa de Jesús, el
viernes 3 Aniv. de Alberto, el Sábado 2 Lupita
Cienfuegos, el Martes 5 Rosy, esposa de Guelo y el
Miércoles 6 Roxana Esposa de Héctor. |